Por Miguel Santamaría
Francisco Reyes viajaba a bordo del autobús Ómnibus de México que había salido del Distrito Federal con destino a la ciudad fronteriza de Reynosa.
Eran las 6:30 horas según el relato de Francisco.
Un fuerte estruendo fue lo que lo despertó, viajaba en el asiento número 24 de la referida unidad.
“Este, veníamos de la ciudad de México aquí a ciudad Victoria y como a partir de las seis, de las seis y media en adelante pues yo iba dormido y escuche un golpe fuerte a parte se sacudía el autobús”, narró.
No hubo tiempo de entender lo que pasaba, un fuerte impacto y la unidad empezó a dar tumbos barranco abajo, mientras los gritos desgarradores de dolor y miedo se confundían con el ruido del motor del autobús que aún continuaba encendido.
Segundos que se convirtieron en horas, desesperación que aletargaba los cuerpos de los que estaban heridos y que no sabían que hacer para ayudar a sus hermanos.
“Empecé a buscar a mi papá y tratar de ayudar a las personas que estaban ahí abajo atoradas, pero pues no pude porque estaban hasta mero abajo y no los podía sacar”, relató.
Francisco Reyes viajaba con su padre, no lo pudo encontrar, los gritos desgarradores no encontraron respuesta.
Ayudó a tres personas a salir del barranco, pero nada supo de su padre.
“Trate de salir para llamar al 066 para tratar de que pidieran ambulancias y ya me dijeron los que venían aquí a tras de nosotros más o menos la dirección y me dijeron que en unos 10 o 19 minutos llegaban”, dijo.
En el kilómetros 34 de la carretera Rumbo Nuevo fue el sitio fatídico en que 11 cuerpos quedaron inertes y que no volvieron a ver la luz del nuevo día.
Los cuerpos de auxilio llegaron 20 minutos después para iniciar las labores de búsqueda y rescate de las personas que viajaban a bordo de esta unidad.
La tardanza de la llegada del autobús era una mala señal, para quienes esperaban en la central a sus familiares, 11 de ellos ya no llegaron vivos para el reencuentro.
Hoy Francisco hospitalizado le atienden sus lesiones, producto de este accidente.
Con la esperanza en su corazón de que este momento sea solo un mal sueño y que de la tragedia nada sea realidad.






