Norma Aidé Jiménez Osorio fue a San Salvador Atenco en mayo 2006 porque buscaba documentar los hechos ocurridos el 3 de mayo, para una revista independiente en la que colaboraba.
11 años después, lo que cuenta no es la historia de otros, sino la suya:
“La gente estaba muy asustada, pudimos recoger documentación de sangre en las banquetas, ya era tarde cuando llegamos, la noche del 3 de mayo y la gente estaba muy asustada, no querían regresar a sus casas, decían que era probable que llegaran policías. Tenían como ambiente de miedo en el lugar…
“Apenas empezaba a clarear el día, de repente se escucharon detonaciones, no estábamos seguros de qué eran, vimos cómo caían cerca de nosotros los cartuchos de gas lacrimógeno… la gente corre para todos lados, hay un ambiente de mucho miedo, no podemos respirar, no podemos ver y en esta confusión en la que trato de correr hacia el centro del pueblo, de repente siento que alguien me golpea con un objeto duro, pienso que es un tolete, me golpean en la espalda y luego en la cabeza, caigo al piso, estando en el piso puedo ver que alrededor de 10 policías vestidos de negro, con traje antimotín, escudos y toletes se acercan a mí, comienzan a patearme, me golpean con los escudos en la espalda, me quitan la mochila, les grito que estoy ahí para documentar los hechos, se ríen de mí, se burlan, siguen golpeando, me golpean por varios minutos, no sé la verdad exactamente cuántos, después me piden que me levante, pero tengo el cuerpo adormecido y no lo puedo hacer, entonces literalmente entre dos me arrastran…
“En ese trayecto comienzan a manosearme, a meter sus manos dentro de mi blusa, me jalan mi suéter, me lo ponen en la cabeza, me dicen que por qué estoy ahí, que debería estar en mi casa, lavando trastes, y que por eso me está pasando lo que me pasó, que si alguien me pagó, me dicen que soy una puta y me dan puñetazos en el estómago durante todo el trayecto, fue un poco largo.
“Después, llegamos a un sitio donde había un autobús y a través del tejido de mi suéter puedo alcanzar a leer las siglas. Dice ASE: Agencia de Seguridad Estatal, entonces entiendo cómo ellos me pasan a otra corporación, el uniforme era distinto, ya no tenían este equipamiento. Y me entregan a unas mujeres policía que me obligan a subir a este camión, me obligan a acostarme en el pasillo, boca abajo, el pasillo tenía un charco grande de sangre, ya había una mujer en el autobús que estaba sangrando. Me obligan a acostarme encima de la sangre y luego pasan caminando encima de nosotros. Hacen estos recorridos varias de ellas… de repente brincan sobre nosotras, sobre nuestra espalda, nuestra cabeza… Y dicen: ya nos los chingamos, y celebran, como si fuera un partido de futbol.

En la imagen, Norma Aidé Jiménez Osorio
“Todo el tiempo, las mujeres policía nos dicen que si no tenemos hijos, que si no nos duele, que deberíamos estar en casa, cuidándolos, que ellas no quisieran pero su jefe va a venir y nos va a violar y él va a ser el primero después de muchos…
“De repente gritan que nos tienen que entregar, entonces nos obligan a pararnos, nos quitan nuestras cosas, me quitan mi cámara, mi mochila, mi chamarra, y entonces nos entregan a otra corporación, lo sé porque el uniforme que traen no es el mismo… tienen botas altas negras, uno me toma por la espalda y me obliga a subir a una camioneta tipo Pick Up, me obliga a acostarme boca abajo…
“Me comienza a golpear yo imagino que fue con un tolete, porque siento la dureza del golpe, me pega primero en la espalda, luego comienza a golpearme los glúteos una y otra y otra vez y no se detiene a pesar de que estoy gritando, le estoy pidiendo que se detenga. No puedo soportar más el dolor y me intento cubrir con mis manos, me comienza a golpear las manos, pero tampoco puedo resistir y tengo que quitarlas, entonces se ríe y me dice que si me duele mucho, no le contesto y mete su mano por debajo de mi ropa interior, me aprieta los glúteos, me pellizca, me dice que si eso sí lo siento, obviamente no le contesto.
“Con sus dedos me penetra en el ano y en la vagina, después la camioneta se detiene, me obligan a bajar, me pasan con otros policías que visten totalmente distinto, esta vez de negro completamente, ellos me quieren obligar a subirme a un autobús, cuando subo las escaleras me doy cuenta que hay muchísima gente que está apilada, que hay gente que está inconsciente, huele a sangre, no puedo dar un paso más y me empujan para que lo haga, y me dicen que camine encima de esas personas, me siento incapaz de hacer algo así, entonces creo que por suerte alguien dice: ya nos ordenaron que llenen el otro camión, llévala al otro camión…
“Me llevan al último asiento del autobús, entonces varios policías, no sé exactamente cuántos, estoy segura que eran más de tres, me atacan todos al mismo tiempo, me arrancan el pantalón, se me echan encima, comienzan a tocarme, a meter sus manos en mi blusa, debajo de mi ropa interior, me muerden, me muerden la cara, me muerden los brazos, me levantan el suéter para que sólo me cubra los ojos, me muerden los labios, me penetran con sus dedos en la vagina, tomaban turnos para hacerlo y después de que terminaron invitaron a otros más que estaban debajo y volvieron a hacerlo todo…
“Esto duró hasta que abrieron las puertas del autobús… había muchísima gente, incluso alguien fue colocado debajo de mis piernas y otro más en mi espalda, entonces quedé en medio de una pila de personas y ahí pude escuchar cómo torturaban a otras mujeres de la misma forma en la que a mí me lo habían hecho…
“No sabemos a dónde vamos, todo el tiempo nos han preguntado nuestros datos, nos han dicho que nos van a matar y que nos van a desaparecer y específicamente dicen que nuestra familia jamás podrá encontrarnos de nuevo… El trayecto duró muchísimo tiempo, los policías iban sentados sobre nosotros y cada tanto tiempo los toletes golpeaban hacia todas partes como si fuéramos una masa…
“Cuando se detuvo no supimos dónde estábamos, nos obligaron a ponernos a ponernos el suéter de nuevo, me dan mi pantalón para que limpie la sangre de mis piernas y uno de ellos dice que no me pueden dejar bajar con ese pantalón porque está lleno de sangre y puede que haya medios de comunicación. Me amenazan y me dicen que me van a chingar si me caigo en el camino del camión a la entrada pero no me dicen de dónde…
“Entramos a un penal, no sabíamos ni cuál era, por algunas cosas pensamos que era un reclusorio pero nos tuvieron en una sala de comedor muchísimas horas, prácticamente todo el día, no nos dieron agua, no respondían a nuestras preguntas, no sabíamos por qué estábamos detenidos, sabíamos que teníamos derecho a hacer una llamada pero sólo se rieron…
“Estuve dos días en la clínica…
“Nadie ha sigo consignado en un operativo tan grande, que se investigue, es importante, no sólo para que se haga justicia sino también para que estos hechos no vuelvan a ser repetidos.
“No olvidamos que el Estado es el responsable y que es su obligación investigar y sancionar a todos los responsables de estos hechos. No estamos pidiendo nada extraordinario: queremos la verdad y queremos la justicia”.
Este fue el primer testimonio que se dio en la audiencia pública ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con las #MujeresDeAtenco. La misma continúa y concluye este viernes. El fallo se conocerá el próximo año.
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