Olivia de Havilland, el amor platónico del ‘Indio’ Fernández

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Hoy,  a los 104 años en París, murió Olivia de Havilland, la actriz protagonista de Lo que el viento se llevó y la última gran estrella de la época dorada del cine estadunidense. 

Hermosa mujer que robó el corazón al actor y director mexicano Emilio ‘El Indio’ Fernández, quien para demostrar su fascinación por ella se construyó una fortaleza en Coyoacán, una mansión ideada para filmaciones de cine, y por sus propias ínfulas bautizó a la calle con el nombre de “Dulce Olivia”, en honor a Havilland. 

“Cada alba despierta tu nombre bajo mi ventana”, decía orgulloso el actor, director y productor de la Época de oro del cine mexicano (1936-1959) al referirse a De Havilland,

Tras verla en la película se enamoró de ella, así que le pidió a un amigo (Marcus Goodrich) que le llevara cartas de amor, pero fue el novelista estadunidense quien que se casó con ella.

En una entrevista realizada por Elena Poniatowska en 1971, el propio Fernández cuenta que se enamoró de la actriz estadunidense de origen británico por sus películas e incluso asegura que se iba a casar con ella, aunque nunca llegó a conocerla.

“Yo nunca la he visto en persona. Fue por carta todo. Yo escribía las cartas, pero me ayudaba en el inglés mi amigo Marco Aurelio Goodrich, y él fue el que se casó con ella al llevarnos los recados”, relató entonces.

“Yo me enamoré mucho y tengo una gran cantidad de fotografías dedicadas y de retratos. Por ahí han de andar, o a lo mejor me las rompieron aquí. He tenido cinco esposas, quizá una de ellas las rompió”, añadió.

La historia de este amor platónico se escribió en estas páginas en 2017: 

“… Es un buen momento para rescatar la historia de una calle de Coyoacán en la Ciudad de México, por la que seguramente has circulado. Resulta que Emilio “El Indio” Fernández se enamoró perdidamente de Olivia cuando la vio en Lo que el viento se llevó y en otras películas. No se conocieron, aunque sí mantuvieron un intercambio epistolar con un intérprete de por medio que acabó casándose con ella, el escritor Marcus Goodrich.

Fernández, quien por cierto fue el modelo para la estatuilla del Oscar, vivía en Coyoacán y arbitrariamente cerró una calle con lo que su propiedad, en forma de herradura, quedaba cuadrada. El entonces regente de la ciudad, Ernesto P. Uruchurtu, de la misma forma arbitraria volvió a abrir la calle, con lo que de nuevo quedó partida la casa del Indio quien, enamorado platónicamente de la legendaria actriz pidió que, en honor de su amada, la calle se llamara Dulce Olivia.