Matamoros querido: la ciudad que le celebra a Rigo Tovar

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Por Antonio Sosa P||

A orilla del río Bravo hay una linda región, un pueblito que Rigo Tovar llevaba dentro de su corazón, es su Matamoros querido, del alma, el bello puerto, en el que nació y que sigue rindiéndole tributo al ídolo de las multitudes.

Una estatua, un museo, una avenida y próximamente un bulevar Costero llevan su nombre, evocan su recuerdo, no permiten que “El Sirenito” se vaya de la memoria colectiva que aún lo aclama y le aplaude, como en aquellos bailes masivos.

Fue un hombre surgido de cuna humilde, que supo aprovechar las oportunidades, pero sobre todo que aplicó esfuerzo, tenacidad y decisión para poder colocarse en uno de los escalones más altos de la industria de la música, del cine pero sobretodo en el ánimo y afecto de su público.

Matamoros sigue queriéndolo” dice a El Sol de Tampico el coordinador del Archivo Histórico de Matamoros, Andrés Cuellar, quien asegura que “es un hombre que está presente en las calles, en los bailes y en las pláticas de los matamorenses”.

La imagen de Rigo Tovar fue y sigue siendo de las más populares “nunca fue de casino, ni aceptado por la gente bonita, Rigo es y seguirá siendo del pueblo, de los bailes, de aquellos que se entregaban con fervor y hoy lo evocan con mucho afecto”.

Algunos dicen que nació el viernes 29 de marzo de 1946 y otros el mismo día del año 1950, en la Heroica Ciudad de Matamoros, frontera con Brownsville, hijo del tamaulipeco Homobono Tovar Cisneros, y la texana, Sarita García Barron, lo que le dio la aceptación e identidad de ambos lados de la frontera, convirtiéndose en icono de los que se iban y de los que regresaban.