Los desaparecían en cocinas del terror; desde 2011, autoridades saben sobre disolución de cuerpos

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En Veracruz se perfeccionó un método de desaparición que hace imposible la identificación de una persona.

Tras laborar diez días, la V Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas descubrió más de una decena de cocinas: sitios habilitados por los criminales para destazar a sus víctimas y meterlas en tambos metálicos de 200 litros de capacidad. Ahí las disolvían en químicos o combustibles.

Ni el calor ni la lluvia detuvieron la búsqueda en un rancho ubicado junto a cerros que son atractivo natural para un fraccionamiento. Una barda de dos metros, coronada con rollos que despuntan navajas de acero, separa a la idea de seguridad, de paz, de una tierra que vomita ropa cuando se cava en ella.

Los brigadistas se han vuelto expertos en detectar la tierra que luce diferente, pues es un indicio para cavar. Saben que hallar ropa en el cerro no es normal, pero a ellos les da la esperanza de desenterrar algún resto óseo de sus seres queridos.

Las cocinas son una práctica que fue revelada a las autoridades desde 2011 por parte de un expolicía municipal de Poza Rica que se pasó a las filas de Los Zetas.

Las cocinas donde se esfuman cuerpos

La V Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas expuso una situación que permaneció oculta administrativamente, a pesar de que autoridades tuvieron conocimiento desde hace 9 años.

Hay algunas historias de búsqueda en campo que suelen empezar con detalles del clima, sean falsos o no. Aquí el calor poco importa. Quizá la lluvia pueda ser molesta para buscar, pero la falta de sombra no detiene a los familiares que exploran un rancho al pie de los cerros que fungen de atractivo natural para un fraccionamiento de alto poder adquisitivo. Una barda de unos dos metros de alto y coronada con rollos que despuntan navajas de acero separa a la idea de seguridad, de paz, de una tierra que vomita ropa cuando se cava en ella. Mario Vergara me dijo en una ocasión que no era normal que se encontrara ropa en los cerros y, sin embargo, aquí y en otros puntos en los que se ha buscado en el norte de Veracruz durante los últimos días esta práctica es casi ritual: cavar, ahí donde la tierra luce diferente a los ojos de los familiares, convertidos a capricho de destino en expertos forenses; espulgar la tierra y hallar calzones, camisas, trozos de bóxers, pantalones raídos. Y, a pesar de todo, es lo más que se ha podido encontrar en esta brigada que ha recorrido puntos en Papantla, Coyutla, Poza Rica o Tihuatlán porque lo que han descubierto los buscadores es una situación que reduce sus esperanzas a cenizas o menos que eso, literalmente: la presencia de más de una decena de cocinas.

Desaparecer en Veracruz tiene una complejidad agregada, admiten diversos buscadores, la mayoría mujeres, que vienen desde otros estados como Baja California norte y sur, Sinaloa o Querétaro. Miguel Trujillo Herrera, quien coordina la búsqueda en campo en la Brigada, explica que la vegetación y el clima son los principales enemigos que encuentran durante la exploración de terrenos con indicios. La naturaleza, con su exuberancia de coyoles con espinas de agujas hipodérmicas o árboles frutales, borra las marcas de los sitios en donde decenas, cientos –estiman colectivos como el María Herrera, de Poza Rica– de personas que fueron asesinadas y desaparecidas por segunda vez. La primera fue cuando les privaron de la libertad; la segunda, cuando les negaron la opción de ser reclamados y llorados por quienes aún les buscan.

Después de diez días de búsqueda son pocos los restos óseos que la Brigada ha localizado: fragmentos de cráneo, vértebra, costilla y piezas dentales el primer día, en la zona serrana entre Veracruz y Puebla, dentro de Coyutla; un hueso de brazo en un terreno enmontado y cerca del Río Cazones, en la colonia La Rueda, en Poza Rica; y nuevos fragmentos óseos carbonizados en el rancho de La Gallera, en Tihuatlán, aquel sitio al que ya se había entrado cuatro veces, pero se sigue desenterrando huesos.

Han sido más las jornadas de ocho, diez horas de trabajo en campo que han terminado sin un hallazgo humano –más que ropa o zapatos–, que aquéllas en las que se han encontrado restos óseos, pese a las pistas entregadas a la Brigada de que ahí sucedieron cosas horribles

La posible respuesta a esta situación sobre el destino de los desaparecidos en el norte de Veracruz ya parecía apuntar a la respuesta del exterminio.

Entonces, la Brigada decide exponer lo que han concluido: en el norte de Veracruz, la característica más cruel de la desaparición de personas habría tomado forma debido a la producción petrolera de la zona. Es decir, que entre los miles de pozos petroleros y mechones que flamean entre el espesor de la vegetación de los cerros, de tambos también rugían las llamas de las cocinashumanas, la práctica en la que las personas eran destrozadas, metidas en contenedores de metal de 200 litros de capacidad, acomodadas en el interior como en un emparrillado y disueltas en químicos o combustible, que hasta el momento los buscadores no han podido precisar.

De lo que tienen certeza es de la práctica de las cocinas luego de explorar físicamente una docena de puntos en los que aún hay tambos de metal abandonados, que incluso han escapado de la rapiña de los vendedores de chatarra, conscientes de que ahí, en aquel pedazo de metal del que obtendrían unos cuantos pesos, una cantidad incuantificable de personas encontró un terrible final.

Miguel Trujillo relata que en la revisión de casi la mitad de los puntos a los que la población les ha encaminado en estas semanas, han encontrado vestigios que apuntan a la práctica de la disolución total de los cuerpos.

La noticia es demoledora por dos frentes. Porque, por un lado, para aquellas familias de la zona norte de Veracruz que han buscado a sus desaparecidos por más de un lustro, hasta por una década, significa que las posibilidades de encontrarlos son todavía más bajas. La añoranza de un cuerpo, de huesos, de una tumba, todo eso casi es arrebatado de golpe. Porque un cuerpo es certeza frente a la incertidumbre, a preguntarse de que si están vivos o muertos.

La otra parte, la que indigna a la Brigada, explica Miguel Trujillo, es que esta modalidad de las cocinas data cerca del 2011 e incluso las autoridades federales supieron de esta situación, mientras que, ante los descubrimientos de los buscadores, han señalado no tener datos de la investigación o procesamiento de este tipo de lugares.

La clave está en la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIARV/073/2011 que trata sobre una declaración realizada el 31 de agosto de ese año por Karim Muñoz Castillo, detenido por la Secretaría de Marina y presentado ante la Unidad Especializada en Investigación de Asaltos y Robo de Vehículos de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO).

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