La Unión Europea amenaza a Hungría por su deriva autoritaria

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La Comisión contempla acciones legales contra la ley de educación; ya abrió un proceso por su legislación de asilo

Hungría ha vuelto a desafiar a la Unión Europea. Esta vez, la Ley de educación superior húngara, que supondría el cierre de la prestigiosa Central European University, la consulta nacional “Stop Brussels” y las medidas en materia de asilo y migración han hecho saltar las alarmas en Bruselas. El Colegio de Comisarios ha abordado la deriva del Gobierno de Viktor Orban, contra el que no descarta abrir un proceso de infracción. De momento, la UE apuesta por el diálogo.

La Ley de educación superior húngara obliga a las instituciones educativas extranjeras, como es el caso de la Central European University (CEU), financiada por el filántropo norteamericano George Soros, a tener un campus en su lugar de origen. En este caso, Estados Unidos. Esta universidad, fundada en 1991 tras la caída del comunismo, lleva años financiando proyectos en la región para el estudio de la democracia. La medida ha sido interpretada como un ataque a la diversidad y a libertad académica no solo por la Unión Europea sino también por Naciones Unidas.

Para el vicepresidente primero de la Comisión Europea, Frans Timmermans, la CEU es “una perla de la corona” centroeuropea que ha promovido la idea de las Europas del este y el oeste como una denominación puramente geográfica, no política. “Esto tiene un valor tan grande que merece ser protegido”, ha subrayado. Timmermans ha recordado con nostalgia sus viajes a Hungría antes de la caída del Comunismo y el sentimiento de opresión en aquella época al entrar al país. “Eso se acabó, se acabó y es el mayor logro de nuestra generación”, ha insistido el holandés. Por eso, insiste el vicepresidente, “seguiré luchando por todo lo que pretende limitar la apertura y la cooperación europeas”.

Presión a los inmigrantes

La amenaza de cierre de la CEU se suma a la polémica ley de detención preventiva de inmigrantes y demandantes de asilo aprobada por el Gobierno de Orban y que también ha sido objeto de debate por parte de la Comisión. Por si todo esto fuera poco, el Ejecutivo húngaro ha lanzado una consulta ciudadana, “Stop Bruselas”. En esta encuesta, Hungría cuestiona a sus ciudadanos sobre qué hacer ante políticas, por ejemplo en materia fiscal o migratoria, que considera nocivas. Frans Timmermans pide a Orban que diga claramente en qué dirección quiere llevar al país, tras haber firmado la declaración de Roma para después lanzar esta campaña claramente antieuropea.

A pesar de las continuas salidas de tono de Viktor Orban y de una serie de políticas de marcado carácter autoritario, Timmermans no observa “una amenaza sistemática al Estado de derecho” en Hungría, a diferencia del caso polaco. Por eso, y porque el Gobierno húngaro ha aceptado dialogar con la Comisión para tratar de solventar las preocupaciones expresadas desde Bruselas, el procedimiento de infracción, aunque se contempla como una opción, no se ha lanzado.

No es la primera vez que las políticas de Viktor Orban crean suspicacias en las instituciones europeas y también entre los Estados miembros. La Comisión Europea ya abrió un proceso de infracción contra Hungría por entender que su nueva Ley para el Asilo era incompatible con la legislación europea. Además, hace unos meses, y ante la deriva autoritaria del Gobierno de Orban, también en materia de libertad de prensa, el ministro de exteriores de Luxemburgo, Jean Asselborn, pidió la suspensión o expulsión del país de la UE.

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