El problema de las heces de perro en las calles de una localidad en España se encuentra prácticamente resuelto, gracias al uso de exámenes de ADN y sanciones a dueños irresponsables.
De inicio, quienes adquieran un nuevo perro deben llevarlo a una clínica veterinaria para extraerle el ADN a través de su saliva o la sangre.
Posteriormente se le instala al perro un chip que vincula su información con la de su dueño.
Cuando la Policía y las brigadas de limpieza encuentran excremento en las calles, toman una muestra para analizarla y saber a qué perro pertenece.
Al identificarlo, el propietario del animal es multado con 200 euros, equivalentes a 4 mil 670 pesos. Si las heces pertenecen a un perro que no ha sido censado, el dueño recibe una multa adicional con valor similar a 7 mil pesos cuando lo lleva a registrar.





