Así era la eliminatoria en Centroamérica

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Hay una jugada que caló tanto en Francisco Uribe que hasta hoy en día le persigue convertida en un recuerdo doloroso. Y es que a veces hay buenos futbolistas con mala fortuna. Habla del tema con Excélsior, como si estuviera de nuevo en el campo abrasador del Cuscatlán, en El Salvador, cuando aquello no era futbol sino una guerra a principios de los años 90 y un cabezazo le cortaría el hilo que lo mantenía ilusionado con el Mundial.

¿Cómo recuerda su tiempo en selección nacional?

Fue un momento en que los delanteros éramos Hugo Sánchez y yo, era un honor. Precisamente ese juego en El Salvador en 1993 lo iniciamos ambos, siendo el ataque también en el América. Me sentía en plenitud ya que en la primera fase, con César Luis Menotti, había culminado como el mejor goleador de la eliminatoria.

Hasta que llegó esa visita funesta a El Salvador.

Con todo lo que significaba en ese tiempo. Los insultos desde que llegamos al aeropuerto, nos apedrearon varias veces el autobús como parte de la euforia y temple de los equipos centroamericanos.

La Selección Mexicana en el viejo Centro de Capacitación. Paco Uribe, el octavo de la fila de jugadores que están sentados. Este equipo fue el que inició las eliminatorias en abril de 1993.

Además, las serenatas al pie del hotel, ¿durmieron la noche previa al partido?

Sí, pero hasta las cinco de la mañana. Cenamos y recuerdo que mi compañero de habitación era Miguel Herrera, cuando de repente a medianoche nos contrariamos al escuchar la música y los gritos. Montaron unas bocinas enormes a todo lo que daban y llevaron tambores. El gerente del hotel desapareció, no nos podíamos mover. Descansamos unas cuantas horas porque el partido fue a medio dia.

Otra cosa fue lo del himno.

Sí, estábamos formados ya en la cancha para escuchar el himno, aunque de cualquier manera no se oía bien por los gritos y de pronto nos dimos cuenta que no era la melodía, así que rompimos filas. Sabíamos que iban a pasar cosas así, desde que salimos del hotel nos aventaron piedras, tornillos, vasos, todo tipo de cosas.

La jugada de la lesión, ¿cómo la tiene en la memoria?

No creo que haya sido con mala intención. Fue un choque de cabezas porque yo salté más que Rivera, el salvadoreño, y gané el remate, que por cierto la sacó el portero, eso fue otra cosa que me dolió, que no pude anotar, entonces en el brinco, él cabecea, pero me da en el pómulo y me fractura. No perdí el conocimiento.

Ese golpe detuvo tu carrera.

Me lastimó el seno paranasal, el arco cigomático y el piso de la órbita. La verdad es que no me dolía, pero cuando me incorporo comienzo a ver doble, luego muchas imágenes porque mi ojo se movía, hasta que dejé de ver por completo. Había que bajar unos escalones al túnel y luego subir otros para el vestidor. Recuerdo que el doctor Alfonso Díaz me pedía no dormirme para no caer en coma y me inyectó algo para que me mantuviera despierto.