Camila y Sin Bandera, los fabulosos 4 del amor

0
Visto 50 veces

El sudor escurría ya por la humanidad de Leonel García y todavía no salía al escenario. No eran nervios sino las luces y el juego previo que tuvo en su habitación, que no le tuvieron compasión.

“Si empiezo a sudar no paro hasta dentro de tres horas”, dice en el camerino. Noel Schajris, su complemento en Sin Bandera, lo cotorrea y le augura un baño doble una vez que pise el Sap Center.

Mexicano y argentino estaban en el camerino de Camila, un espacio nada rockstar, excepto por la botella de Jack Daniel’s y la gigantesca pizza que estaba sobre la mesa.

Reían. Noel siempre tan eufórico, esta ocasión por un café vespertino que lo tuvo inquieto e hiperactivo en su celular. Pablo, guitarrista de Camila; siempre sobrio, excepto cuando confesó haberse transformado en vikingo la primera noche del 4 Latidos Tour en Chicago, donde se empinó un tarrote como si fuera nórdico; y Mario Domm hablando contrarreloj de las entrevistas.

Las dos bandas más románticas del pop en español también se saben divertir y Excélsior los acompañó en la segunda fecha del tour, en la costa oeste, el mismo que llegará el 9 de noviembre a la Arena Ciudad de México.

Y vaya que se tardaron en juntarse.

“Creo que en el mundo de la música que habla del amor, no quiero decir romántica porque Camila tiene muchos tintes de rock, somos dos bandas que han apuntado a esa dirección.

“Hay mucha empatía con las canciones, la gente las usa para los momentos bellos que son como una boda y declararse a alguien. Y tiene todo sentido, y no lo tiene el que no nos hayamos juntado si somos los de las canciones de amor”, cuenta Leonel antes de saltar al hogar de los Sharks, de la NHL.

La buena vibra ronda por todos lados. Noel complementa a Leo y constantemente se refiere a él como “hermanito”. Desde el 2000 juntos, tiene sentido. Sin peleas, sin egos, sin querer robar atención, no existe tal cosa en los chicos.

Y así cobra más significado que Sin Bandera y Camila sean de los pocos fieles a seguir armando soundtracks para los enamorados, y no del grupo de artistas que busca acomodarse en lo que la chaviza escucha: el reguetón.

“Sucede que somos autores”, arranca Mario Domm.

“No puedo hablar por mis compañeros porque quizá mañana hacen reguetón, pero Camila es congruente con lo que ha hecho y así la gente puede venir y comprar un boleto con la certeza de que seguiremos escribiendo su banda sonora.

“No lo podemos dejar atrás por una moda, creemos que nos guía el corazón y no un estilo del que todos hablan”, agregó.

Así fue como la comunidad latina les dio una noche para recordar en Estados Unidos, sí una mayoría de mexicanos, pero también venezolanos, como una señora que se desvivía por ondear su bandera, arriba dos argentinos tratando de llamar la atención de Noel.

Vaya, todo estaba a flor de piel. Sin Bandera les dio la bienvenida con De Viaje, Te vi venir, Kilómetros y Que lloro. Leo y sus gestos de siempre, de pasión por lo que escribe; y el argentino con esa cafeína que lo traía corriendo y bailando.

Apenas se quitó la chamarra para cantar Sirena, una versión bastante jazzera con García en los bombos y platillos, y las latinas se deshicieron. Si se permitiera subir al escenario, se lo hubieran comido vivo, toqueteado y besuqueado.

Algo no cuadraba. Seis mil personas cantando, grabando, gritando ¿y nadie parado bailando?

Bien, lo tuvo que corregir Camila, y no porque Sin Bandera no lo hubiera hecho –tenían hasta a chicas llorando con su latón de cerveza en la mano– sino porque Mario Domm sabe que un show es para vivir, no importando que el señor amargado de atrás se moleste.

La desgarradora Mientes dio una única oportunidad y no reaccionó. Cambió el micrófono por un pequeño detalle técnico y ahora sí saco la chancla.

“Les tengo dos preguntas, la primera es: ¿se la están pasando bien?”, la raza reaccionó, sí, pero no del todo, “la otra es ¿qué hacen sentados?”, todo mundo rió, reaccionó e hicieron caso al cantante.

Repitieron la fórmula hit tras hit. Decidiste dejarme, Bésame, Perdón y Restos de abril. Camila tiene de acompañante a un corista, Ian Holmes, súper carismático, cuyo color de piel provocó que un necio e insistente fan se la pasara grite y grite “Kalimba!, Kalimba, Kalimba!”. Hasta que Mario tuvo suficiente, como todos alrededor.

“La diferencia entre este cabrón y Kalimba es que está más mamado y canta más cabrón”, y así lo calló.

Mario no perdió la oportunidad de cantar su nueva rola, en coautoría con Erika Ender (Despacito), Sueño americano, dedicado a los inmigrantes.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here